Me dá vueltas la cabeza, pensando en él y en los que no tienen el privilegio de ser nombrados primeros, con el impetúd del "él" propiamente dicho con un tono importante, dándole así la importancia misma que merece (merezco yo ahora un premio nobel por semejante aclaración de por qué él es él y el resto es solamente el resto).
Wow, dura clase de filosofía mental dentro de mí misma (imagínense lo que es procesar todo ésto en milésimas de segundos en mí cabeza, con tantos términos difíciles, qué onda? yo también me puedo expresar como toda una escritora célebre y hasta usando tildes, porque acentos tienen todas las palabras, lo que se escribe arriba de las vocales se llama tilde, sabían? no solo filosofía, sino que también me doy el lujo de dar lecciones de lengua).
Luego de tantos paréntesis explicativos, procedo a dar a conocer el argumento del texto que nos compete en cuestión.
Él se rehusa a darme bolilla, o a sacar a la luz y hacerle saber al mundo (o a sólo unos pocos) que le muevo un mísero pelo del antebrazo cuando le hablo, cuando le hablan de mí, cuando piensa y/o se acuerda de mí... Puede ser que no le mueva un pelo, puede ser que lo erize de punta a punta; lo bueno de todo ésto es que, como siempre dije, tengo la vida solucionada... Por un momento me cuestioné si solamente era suerte casual, cosa 'e mandinga o una fuerza sobrenatural de la alineación de los astros, los planetas y cuanta mierda vague por el universo, amén... Pero justamente en éste instante en el que me puse a pensar cuántas variaciones metafóricas pueden existir para no poner explícitamente la palabra casualidad, noté que no es sólo suerte y demás, es también un esfuerzo mío (más inconciente que conciente) en ver siempre el lado positivo de las cosas, en encontrar ventanas cuando se cierran puertas y en entender que si no hay ventanas es porque por ahí no era y buscar por otro lado algo que me sirva para satisfacerme. Resumiendo, encontré la fórmula a la felicidad, no creo que a la felicidad eterna pero éste método por ahora me da resultado.
Volviendo a las abejas, por qué, finalmente, me dá igual si me da bolilla o no? Porque de una u otra manera estamos conectados, como amigos o como algo más... Nuestra química no falla y sea así o asá no nos vamos a alejar (espero) y acá viene mi super frase: prefiero tenerlo como amigo toda la vida que como chongo dos meses... Por eso es que con él y solamente él me cuido y cada paso que doy lo calculo fríamente 46 horas.
Wow, dura clase de filosofía mental dentro de mí misma (imagínense lo que es procesar todo ésto en milésimas de segundos en mí cabeza, con tantos términos difíciles, qué onda? yo también me puedo expresar como toda una escritora célebre y hasta usando tildes, porque acentos tienen todas las palabras, lo que se escribe arriba de las vocales se llama tilde, sabían? no solo filosofía, sino que también me doy el lujo de dar lecciones de lengua).
Luego de tantos paréntesis explicativos, procedo a dar a conocer el argumento del texto que nos compete en cuestión.
Él se rehusa a darme bolilla, o a sacar a la luz y hacerle saber al mundo (o a sólo unos pocos) que le muevo un mísero pelo del antebrazo cuando le hablo, cuando le hablan de mí, cuando piensa y/o se acuerda de mí... Puede ser que no le mueva un pelo, puede ser que lo erize de punta a punta; lo bueno de todo ésto es que, como siempre dije, tengo la vida solucionada... Por un momento me cuestioné si solamente era suerte casual, cosa 'e mandinga o una fuerza sobrenatural de la alineación de los astros, los planetas y cuanta mierda vague por el universo, amén... Pero justamente en éste instante en el que me puse a pensar cuántas variaciones metafóricas pueden existir para no poner explícitamente la palabra casualidad, noté que no es sólo suerte y demás, es también un esfuerzo mío (más inconciente que conciente) en ver siempre el lado positivo de las cosas, en encontrar ventanas cuando se cierran puertas y en entender que si no hay ventanas es porque por ahí no era y buscar por otro lado algo que me sirva para satisfacerme. Resumiendo, encontré la fórmula a la felicidad, no creo que a la felicidad eterna pero éste método por ahora me da resultado.
Volviendo a las abejas, por qué, finalmente, me dá igual si me da bolilla o no? Porque de una u otra manera estamos conectados, como amigos o como algo más... Nuestra química no falla y sea así o asá no nos vamos a alejar (espero) y acá viene mi super frase: prefiero tenerlo como amigo toda la vida que como chongo dos meses... Por eso es que con él y solamente él me cuido y cada paso que doy lo calculo fríamente 46 horas.
Atte: Enroscada.com

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